La vicepresidenta segunda del Gobierno de España, Yolanda Díaz, ha aprovechado su intervención ante la Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT para reivindicar el diálogo social como uno de los grandes activos del modelo español. En Ginebra, Díaz ha defendido que la negociación tripartita entre Gobierno, patronal y sindicatos ha sido clave para la estabilidad laboral del país, y ha puesto como ejemplo los acuerdos alcanzados en la reforma laboral o en la subida del Salario Mínimo Interprofesional. Sin embargo, la realidad que se vive en Madrid dista mucho de ese relato idílico.
Los hechos contradicen la versión de la vicepresidenta. En los últimos tres años, el diálogo social real ha quedado reducido a un ejercicio de maquillaje institucional. La CEOE, la principal patronal española, ha denunciado en repetidas ocasiones que el Gobierno ha impuesto normas laborales de calado sin contar con su respaldo, como la reducción de la jornada laboral o la reforma del subsidio por desempleo. El último episodio de esta dinámica se produjo con la tramitación de la ley de reducción de jornada, que Díaz impulsó sin el consenso de los empresarios, amparándose en un acuerdo con los sindicatos UGT y CCOO que dejó fuera a las pequeñas y medianas empresas.
Por qué importa: la OIT no es un foro decorativo. Es el organismo que fija estándares laborales internacionales, y que España firma y ratifica. Que la vicepresidenta acuda allí a presumir de un diálogo social que en la práctica ha dinamitado es un ejercicio de cinismo difícil de digerir. La credibilidad de España ante sus socios europeos y ante los organismos internacionales depende de que el relato que se vende en Ginebra coincida con lo que ocurre en las fábricas, en los despachos y en las oficinas de autónomos.
Análisis FORTIS: el problema no es solo de coherencia, sino de fondo. El modelo de diálogo social que defiende Díaz es un modelo intervencionista, en el que el Estado impone condiciones y los agentes sociales se limitan a bendecir lo ya decidido. Eso no es concertación, es un simulacro. La verdadera concertación exige que todas las partes negocien en pie de igualdad, con información veraz y con la posibilidad real de decir no. Y eso no ocurre en España desde hace años. La reducción de jornada, la reforma del subsidio o la subida del SMI se han hecho por decreto, con un diálogo de boquilla que no ha servido para mejorar la productividad ni para crear empleo de calidad.
Los datos oficiales del Ministerio de Trabajo y de la Seguridad Social muestran que la productividad por hora trabajada en España sigue estancada, muy por debajo de la media europea. Mientras tanto, el coste laboral por trabajador no deja de subir, lo que penaliza la contratación indefinida y empuja a las empresas a la temporalidad o a la economía sumergida. La propia OCDE ha advertido que el mercado laboral español sigue siendo uno de los más rígidos de la zona euro, con una tasa de desempleo juvenil que roza el 30%. Ese es el verdadero resultado del modelo que Díaz vende como un éxito.
Contrapunto: es justo reconocer que no todo es negativo. La reforma laboral de 2021, pactada con la patronal y los sindicatos, logró reducir la temporalidad y aumentar la contratación indefinida, según los datos de la Seguridad Social. También es cierto que la subida del SMI ha beneficiado a más de dos millones de trabajadores, especialmente a mujeres y jóvenes. Pero estos avances no compensan el daño causado por la deriva unilateral del Gobierno. La temporalidad sigue siendo alta en sectores como la hostelería o la agricultura, y la brecha salarial de género persiste. El diálogo social, tal y como lo practica Díaz, no ha resuelto los problemas estructurales del mercado laboral español; los ha maquillado.
La pregunta que debería hacerse la vicepresidenta es si su discurso en Ginebra resistiría una auditoría interna. Porque la OIT mide, compara y publica. Y si España sigue por el camino de la imposición unilateral, no tardaremos en ver cómo otros países europeos nos superan en competitividad, mientras Díaz sigue vendiendo humo en los foros internacionales.
Por Renan Filho · 2026-09-23