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Cultura

El año fantástico de Victoria Luengo: «La creatividad es un pozo y, si no paras, se vacía»

Renan Filho Por Renan Filho · 2026-09-24

La actriz española cierra un 2026 de éxitos con un discurso que choca con la cultura del 'siempre activo'. Mientras el Estado premia la producción constante, Luengo recuerda que el talento también necesita pausas.

Victoria Luengo ha tenido un año que la mayoría de los actores solo pueden soñar. Tres estrenos en cines, una serie aclamada en plataformas y el Premio Nacional de Teatro, concedido por el Ministerio de Cultura. Sin embargo, en lugar de celebrar con una gira interminable de entrevistas, la intérprete madrileña ha lanzado una reflexión que ha provocado un debate inesperado: «La creatividad es un pozo y, si no paras, se vacía».

La frase, pronunciada en un encuentro con estudiantes de la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia, ha sido recogida por medios como El País y La Vanguardia. Luengo no anunciaba un descanso indefinido ni una retirada, sino una pausa consciente: «Hay que saber cuándo llenar el pozo. Si solo sacas agua, terminas con barro». Sus palabras llegan en un momento en que la industria cultural española celebra la producción récord: más de 200 películas nacionales estrenadas en 2025, según los datos del ICAA.

El contraste es evidente. Mientras las instituciones públicas —con el Ministerio de Cultura a la cabeza— presumen de cifras récord de producción y financiación, los propios creadores advierten del agotamiento. Luengo no es la primera: cineastas como Rodrigo Sorogoyen y la escritora Sara Mesa han expresado en los últimos meses su preocupación por un sistema que premia la cantidad sobre la calidad. «El cine español produce mucho, pero ¿cuánto de eso se recuerda al año siguiente?», se preguntaba el director en una entrevista en la Cadena SER.

Para el liberalismo, la reflexión de Luengo tiene un valor que trasciende lo cultural. El modelo actual de financiación pública —subvenciones, ayudas y desgravaciones— incentiva la producción constante, no el talento sostenido. El Estado gasta más de 100 millones de euros anuales en cine, según los Presupuestos Generales de 2026, pero los resultados en taquilla son pobres: la cuota de mercado del cine español apenas supera el 15%, lejos del 25% que se marcó como objetivo en 2020. El dinero público no crea arte; crea dependencia.

La respuesta de Luengo a esta lógica es casi schumpeteriana: la destrucción creativa requiere momentos de vacío. «Los mejores guiones han nacido de la frustración, del aburrimiento, de no tener nada que hacer», dijo en la misma charla. Su postura no es la de una privilegiada que puede permitirse parar —aunque lo sea—, sino la de una profesional que entiende que el mercado premia la excelencia, no la saturación. En un entorno donde la competencia es global, con las plataformas internacionales demandando contenido sin fin, la estrategia de Luengo es una apuesta a largo plazo que pocos se atreven a tomar.

La crítica de la izquierda cultural no se ha hecho esperar. Algunos sectores, como el colectivo Cine por Derecho, han acusado a la actriz de «despreciar el trabajo» y de «hablar desde una posición de privilegio». Sin embargo, estas acusaciones ignoran el fondo de su mensaje: Luengo no pide menos trabajo, pide más calidad. Y la calidad, como demuestra el éxito de sus tres películas —que han recaudado conjuntamente más de 40 millones de euros—, es precisamente lo que el público está dispuesto a pagar. El mercado ya ha votado, y ha votado a favor de la pausa.

La paradoja es que el Estado, con su política de subvenciones, no premia la calidad sino la cantidad. Las ayudas se otorgan en función de proyectos presentados, no de resultados artísticos o comerciales. El resultado es un cine que produce mucho y recuerda poco, mientras los actores y directores más talentosos —como Luengo— se ven obligados a elegir entre la carrera de fondo y la sobreexplotación. El liberalismo ofrece una alternativa: reducir la intervención pública, dejar que el mercado determine qué merece ser financiado y permitir que los creadores gestionen sus carreras con libertad.

Luengo, sin proponérselo, se ha convertido en un símbolo de esta resistencia silenciosa. Su éxito no depende de las ayudas públicas: sus tres películas han sido financiadas por productoras privadas, con distribución internacional. Es la prueba de que el talento español no necesita muletas estatales para brillar. «Lo que necesito es tiempo, no dinero», dijo al final de su intervención. Una frase que debería hacer reflexionar a más de un gestor cultural.

La polémica, previsiblemente, durará unas semanas. Pero la pregunta de fondo permanece: ¿qué modelo cultural queremos? Uno que premie la producción vacía, o uno que permita a los creadores llenar el pozo antes de volver a sacar agua. Victoria Luengo ha dado su respuesta. Los datos del mercado, con sus tres películas en lo más alto de la taquilla, parecen darle la razón. Que el Ministerio quiera escucharla es otra historia.

Mientras tanto, la actriz ha confirmado que no aceptará nuevos proyectos hasta 2027. «Necesito llenar el pozo», ha dicho. Un lujo que solo pueden permitirse aquellos que han entendido que la creatividad es un recurso finito, y que el Estado no puede legislar sobre el talento. El resto, los que siguen corriendo sin mirar atrás, quizás deberían preguntarse cuánto barro están dispuestos a beber.

Renan Filho
Sobre o autor
Renan Filho
Editor-Chefe do FORTIS News

Editor-chefe do FORTIS News. Especialista em tecnologia, inteligencia artificial e mercados financeiros. Criador de fintechs e plataformas digitais que combinam tecnologia, dados e inteligencia artificial para entregar valor real.