La mañana de este jueves, el Air Force One aterrizó en la Base Conjunta Andrews, en las afueras de Washington, y lo que siguió no fue la recepción estándar para una visita de Estado. Donald Trump, acompañado de su jefe de Gabinete y del secretario de Estado, esperó a pie de pista a Xi Jinping, que descendió de un Boeing 747 modificado de Air China. Una sección de honor del Cuerpo de Marines rindió honores mientras la banda militar interpretaba los himnos nacionales de ambos países.
El gesto, inusual para un presidente que ha hecho del “America First” su bandera, fue interpretado por analistas como una señal de que Trump busca un acuerdo comercial amplio antes de las elecciones de medio mandato. En una declaración a la prensa, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que “el presidente Trump recibe al presidente Xi con el respeto que merece el líder de una nación con la que Estados Unidos comparte intereses estratégicos”. La portavoz evitó mencionar las tensiones previas por los aranceles y la propiedad intelectual.
Xi Jinping, por su parte, no hizo declaraciones al pie del avión, pero según fuentes de la delegación china, el mandatario valoró positivamente el gesto. Horas antes, en una publicación en la red social X, Trump había escrito: “Gran reunión hoy con el presidente Xi. Vamos a hablar de comercio, de seguridad y de muchas cosas más. ¡Va a ser un gran acuerdo para ambos países!”. El tuit acumuló más de 200.000 ‘me gusta’ en la primera hora.
El contexto de esta visita es delicado. La economía china crece al 4,6% interanual, según datos del Buró Nacional de Estadísticas de China, muy por debajo de las metas oficiales. Mientras tanto, la Reserva Federal mantiene los tipos en el 5,5%, y las exportaciones estadounidenses a China han caído un 12% en el último trimestre. Trump necesita un éxito comercial que mostrar a su base electoral, y Xi necesita oxígeno para su economía, que enfrenta una crisis inmobiliaria y un desempleo juvenil del 21%.
Por qué importa: Esta reunión puede definir el equilibrio comercial del próximo lustro. Si se concreta un acuerdo que reduzca aranceles mutuos —hoy en el 25% de media sobre productos chinos y en el 20% sobre productos estadounidenses—, el impacto en las cadenas de suministro globales sería inmediato. Empresas como Apple, Tesla y Nike, que fabrican en China, verían aliviados sus costes. Pero también hay riesgos: una relajación arancelaria podría debilitar la producción manufacturera en Estados Unidos, justo el sector que Trump prometió revitalizar.
Análisis FORTIS: Desde una perspectiva liberal-conservadora, el gesto de Trump es comprensible como táctica negociadora, pero debe ser evaluado con datos. Recibir a un líder comunista con honores militares no es, en sí mismo, una traición a los valores occidentales; es una jugada de realpolitik. Sin embargo, el historial de China en materia de derechos humanos, subsidios estatales masivos a sus empresas y manipulación cambiaria no ha cambiado. Según un informe de la Oficina del Representante de Comercio de EE.UU. de 2025, China sigue aplicando barreras no arancelarias que afectan a 1.200 productos estadounidenses. Si Trump cede sin obtener concesiones verificables —como la eliminación de los subsidios a la industria del acero y el aluminio—, el acuerdo podría ser una victoria pírrica.
El libre mercado funciona cuando hay reglas claras y aplicadas por igual. El problema de fondo no es el comercio con China, sino el modelo de capitalismo de Estado que practica Pekín, donde el Partido Comunista decide qué empresas ganan y cuáles quiebran. Trump debería exigir, como condición previa, la eliminación de las subvenciones a empresas estatales como Sinopec o State Grid, que distorsionan los precios globales. De lo contrario, el recibimiento militar será solo un telón de fondo para un acuerdo que beneficie más a China que a los trabajadores estadounidenses.
Contrapunto: No todos los sectores conservadores aplauden. El senador Marco Rubio, republicano por Florida, tuiteó: “Honores militares a un líder que encarcela a sus disidentes y reclama Taiwán como propio. Esto no es diplomacia, es debilidad”. En la misma línea, la organización Heritage Foundation publicó un análisis en el que advierte que “cualquier acuerdo que no incluya la desescalada en el Mar del Sur de China y la liberación de los presos políticos será una capitulación”. Por otro lado, sectores empresariales como la Cámara de Comercio de EE.UU. han aplaudido el gesto, señalando que “el diálogo directo es el único camino para resolver las diferencias comerciales”.
La visita de Xi incluye una cena de gala en la Casa Blanca, prevista para mañana viernes, y una reunión privada de dos horas en el Despacho Oval. Se espera que ambos mandatarios firmen un memorando de entendimiento sobre cooperación tecnológica en semiconductores, aunque sin detalles vinculantes. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, declaró a la cadena CNBC que “estamos buscando un marco de competencia justa, no una guerra comercial eterna”. Lutnick, un ejecutivo de Wall Street, es conocido por su defensa de los mercados abiertos, pero también por su escepticismo ante las prácticas chinas de transferencia forzada de tecnología.
Por Renan Filho · 2026-09-24