El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, admitió este miércoles en una entrevista con la cadena CNN que Marruecos «falló» a España en varios aspectos clave de la cooperación bilateral. Es la primera vez que un jefe del Ejecutivo español utiliza ese término públicamente para referirse a Rabat, en un giro que los analistas consideran histórico.
«Hubo momentos en los que Rabat no estuvo a la altura de lo que esperábamos. Falló en la gestión de los flujos migratorios y en el respeto a la integridad territorial de España», declaró Sánchez, según el extracto difundido por la cadena estadounidense. La entrevista completa se emitirá esta noche, pero las declaraciones ya han provocado un terremoto diplomático.
El contexto de estas palabras es crucial. Desde 2022, el Gobierno de Sánchez ha mantenido una línea de acercamiento a Marruecos, apoyando el plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental a cambio de garantías sobre Ceuta y Melilla. Sin embargo, fuentes diplomáticas consultadas por FORTIS NEWS confirman que la presión migratoria en las fronteras de Ceuta y Melilla no ha cesado, y que Marruecos ha utilizado el control de fronteras como herramienta de presión política.
Por qué importa: Este reconocimiento público rompe la estrategia de silencio y concesiones que Moncloa ha mantenido durante años. Sánchez, que hasta ahora defendía la «relación estratégica» con Marruecos, ahora admite que el socio no ha cumplido. Para los defensores de la soberanía nacional, es una victoria moral; para la izquierda, un riesgo diplomático.
Análisis FORTIS: La admisión de Sánchez es, ante todo, un síntoma de debilidad. Después de ceder en el Sáhara Occidental sin obtener contrapartidas verificables, el Gobierno se encuentra acorralado por la realidad: Marruecos no ha reducido la inmigración ilegal ni ha dejado de reclamar la soberanía de las plazas de soberanía. Los datos oficiales del Ministerio del Interior muestran que las llegadas irregulares a Canarias aumentaron un 45% en 2025 respecto al año anterior, y que los intentos de salto en la valla de Melilla se mantienen estables. Rabat, lejos de ser un aliado fiable, ha actuado como un competidor geopolítico que negocia con ventaja.
Además, el giro de Sánchez llega en un momento electoral delicado. Las encuestas sitúan al PP como primera fuerza, y Vox capitaliza el descontento con la política migratoria. Al reconocer el fracaso, Sánchez intenta desmarcarse de su propia gestión, pero el daño está hecho: durante tres años priorizó la «realpolitik» sobre la defensa de los intereses nacionales, y ahora pide comprensión.
Contrapunto: Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí, una fuente anónima declaró a la agencia MAP que «las declaraciones de Sánchez son sorprendentes e inexactas. Marruecos ha sido un socio leal y ha cumplido todos sus compromisos». No obstante, el propio embajador marroquí en Madrid, Karima Benyaich, no ha emitido declaraciones oficiales. La reacción de Rabat será clave en los próximos días.
Por otro lado, la oposición española ha reaccionado con escepticismo. Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, afirmó en un tuit: «Sánchez descubre ahora lo que todos sabíamos: que su política de cesiones no ha servido para nada. Exigimos explicaciones en el Congreso». Desde Vox, Santiago Abascal calificó la entrevista de «teatro para salvar los muebles».
Por Renan Filho · 2026-09-23