La presión ejercida por la líder opositora venezolana, María Corina Machado, ha reconfigurado la agenda del expresidente estadounidense Donald Trump respecto a España. En una serie de declaraciones a medios conservadores y en publicaciones en su cuenta de la red social X (antes Twitter), Machado ha dejado claro que cualquier acercamiento de la administración Trump al gobierno de Pedro Sánchez debe pasar por una condición innegociable: la celebración de elecciones libres y verificables en Venezuela.
Trump, que ha manifestado en privado y en público su interés en establecer una relación comercial pragmática con España —especialmente en los sectores energético y tecnológico—, se encuentra ahora ante una encrucijada. Por un lado, su base electoral exige coherencia en la lucha contra el socialismo del siglo XXI. Por otro, sus asesores económicos le recuerdan que España es la puerta de entrada a Europa para el capital estadounidense, y que un enfrentamiento abierto con Sánchez podría costar caro en términos de inversión.
El contexto es delicado. La dictadura de Nicolás Maduro, apoyada por el régimen de Sánchez y por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), ha intensificado la represión en los meses previos a las elecciones presidenciales previstas para 2024. La comunidad internacional, liderada por Estados Unidos y la Unión Europea, ha denunciado la ilegitimidad del proceso electoral venezolano, que excluye a la oposición democrática. Machado, inhabilitada arbitrariamente por el régimen, se ha convertido en el símbolo de la resistencia.
**Por qué importa**
La decisión de Trump de poner las elecciones venezolanas en el centro de su agenda para España no es un mero gesto simbólico. Implica un cambio de prioridades. Hasta ahora, la estrategia del expresidente estadounidense se había centrado en la desregulación económica y en la búsqueda de acuerdos bilaterales con gobiernos de cualquier signo ideológico, siempre que fueran favorables a los intereses de Estados Unidos. Sin embargo, la presión de Machado ha expuesto la contradicción interna de esa estrategia: no se puede promover el libre mercado en España mientras se financia a la dictadura venezolana a través de la compra de petróleo y la concesión de licencias.
Datos oficiales de la Agencia Internacional de Energía (AIE) indican que Estados Unidos importó en 2023 un promedio de 150.000 barriles diarios de crudo venezolano, un 40% más que en 2022. Esa dependencia energética ha sido aprovechada por el régimen de Maduro para mantenerse a flote. Trump, que en su primer mandato impuso duras sanciones al régimen, ahora se enfrenta a un dilema: endurecer las sanciones y arriesgarse a una subida de los precios de la gasolina en plena campaña electoral, o mantener el statu quo y traicionar a sus aliados naturales en Venezuela.
**Análisis FORTIS**
Desde una perspectiva liberal-conservadora, la postura de Machado es impecable. No pide intervención militar ni ayuda humanitaria masiva. Exige, simple y llanamente, que se respeten las reglas de la democracia liberal: elecciones libres, separación de poderes y libertad de expresión. Esa es la base del libre mercado. Sin instituciones que garanticen los contratos y los derechos de propiedad, no hay inversión posible. El gobierno de Sánchez, que ha hecho de la lucha contra la "extrema derecha" su bandera, se apoya en una dictadura que encarcela a sus oponentes y controla los medios de comunicación. La hipocresía es flagrante.
Trump, por su parte, debería aprovechar esta presión para redefinir su política exterior. España es un socio estratégico, sí, pero no al precio de legitimar a un régimen que viola sistemáticamente los derechos humanos. El expresidente estadounidense tiene la oportunidad de demostrar que su "América Primero" no es incompatible con la defensa de la libertad en el extranjero. De hecho, es completamente compatible: un vecindario democrático y próspero es mejor para los negocios que un vecindario inestable y autoritario.
**Contrapunto**
No obstante, hay quien argumenta que la presión de Machado es contraproducente. Según analistas de la Universidad de Georgetown, citados por el diario El País, "exigir elecciones inmediatas en Venezuela es una fantasía que solo sirve para endurecer la posición del régimen". La tesis es que la negociación pragmática, incluso con dictadores, puede traer resultados a largo plazo. Sin embargo, los datos contradicen esa narrativa. Desde 2018, el régimen de Maduro ha incumplido todos los acuerdos alcanzados en las mesas de negociación de México y Noruega. La historia demuestra que solo la presión sostenida —sanciones, aislamiento diplomático y apoyo a la oposición— ha logrado avances concretos, como la liberación de presos políticos en 2023.
**P: ¿Qué puede hacer Trump realmente para forzar elecciones en Venezuela?** R: Trump tiene en sus manos la herramienta más poderosa: las sanciones económicas. Puede revocar las licencias que permiten a empresas estadounidenses comprar petróleo venezolano, cortando la principal fuente de ingresos del régimen. También puede coordinar con sus aliados europeos —como Polonia, Italia o los países bálticos— una postura común de no reconocimiento de las elecciones fraudulentas. La clave está en la voluntad política. Si Trump cede a la presión de Machado, el régimen de Maduro se quedará sin oxígeno.
**P: ¿Cómo afecta esto a la relación de Trump con el gobierno de Sánchez?** R: Sánchez es el principal valedor de Maduro en Europa. Si Trump condiciona cualquier acuerdo comercial con España a la celebración de elecciones libres en Venezuela, se generará una tensión diplomática considerable. Sin embargo, Sánchez está debilitado internamente —con una economía estancada y una crisis migratoria en Canarias— y no puede permitirse un enfrentamiento con Washington. Lo más probable es que intente un equilibrio retórico, apoyando formalmente las elecciones mientras sigue haciendo negocios con el régimen. Trump deberá estar atento a esa doble moral.
Por Renan Filho · 2026-09-24