El Grupo Municipal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Madrid ha confirmado este jueves su rechazo frontal a la nueva ordenanza de convivencia impulsada por el equipo de Gobierno. El texto, que según sus redactores busca «armonizar la libertad religiosa con la seguridad urbana», no solo no prohíbe el burka en espacios públicos, sino que lo dota de un estatus legal que los populares consideran «gravísimo y peligroso».
«Esto no es una ordenanza, es una patente de corso para que se siga oprimiendo a la mujer en nombre de una tradición que nada tiene que ver con nuestras costumbres», ha señalado el portavoz popular en declaraciones a la prensa. El Partido Popular ha anunciado que presentará una enmienda a la totalidad para frenar una norma que, a su juicio, «blinda el integrismo».
La ordenanza, impulsada por los partidos de izquierda y avalada por colectivos pro-inmigración, establece que el uso de prendas que cubran el rostro será permitido en la vía pública siempre que no suponga «un riesgo acreditado para la seguridad». Una redacción que, según los críticos, deja la puerta abierta a que cualquier mujer sea multada o no en función del criterio del agente de turno.
Desde el PP recuerdan que en municipios gobernados por su partido, como Murcia o Málaga, ya se ha legislado en contra del burka con prohibiciones explícitas que han sido avaladas por el Tribunal Supremo. «Allí donde gobernamos no hay ambigüedades: o se cumple la ley o se va a casa. Aquí, sin embargo, se ha preferido contentar a la izquierda identitaria y a los lobbies que defienden el velo integral», denuncian.
Por qué importa: la decisión del PP coloca sobre la mesa un debate que trasciende lo local. La regulación del burka en España es un asunto que enfrenta a quienes defienden la libertad de elección de la mujer con aquellos que consideran que cualquier restricción es un ataque a la multiculturalidad. La postura de los populares, además, llega en un momento en que varios países europeos como Francia o Dinamarca han endurecido sus leyes contra el velo integral.
Análisis FORTIS: en una sociedad libre, ninguna prenda que oculte el rostro debería estar por encima de la seguridad y la dignidad de las personas. El burka no es una prenda, es una cárcel de tela. Quienes lo defienden como una manifestación cultural olvidan que la cultura no puede estar por encima de los derechos fundamentales. La izquierda que hoy lo aplaude es la misma que ayer decía luchar contra el patriarcado. Ahora resulta que el patriarcado es aceptable si viene de otras culturas.
Contrapunto: desde las asociaciones islámicas en España, sin embargo, sostienen que la prohibición del burka es una excusa para estigmatizar a la comunidad musulmana. «Ninguna mujer que quiera llevar el velo integral está obligada a hacerlo por mandato religioso, y muchas lo viven como una elección personal», defienden. Una postura que choca frontalmente con los datos: el 90% de las mujeres que usan burka en España lo hacen por imposición familiar o social, según informes de la Fundación Integra.
Los hechos son tozudos. La ordenanza que ahora se pretende aprobar no resuelve nada: no protege a las mujeres, no integra a nadie y, además, envía el mensaje de que en Madrid hay zonas donde la ley no se cumple. El PP ha hecho bien en plantar cara a esta deriva. Ahora el siguiente paso es que los tribunales, una vez más, hagan su trabajo y tumben una norma que atenta contra la dignidad humana.
Por Renan Filho · 2026-09-26