El Gobierno de España puso en marcha hace dos años el programa «Paquita, no estás sola», una ambiciosa iniciativa que prometía atender a los más de dos millones de ancianos que viven solos en el país. Sin embargo, un informe preliminar de la Intervención General de la Administración del Estado, filtrado a varios medios, revela que apenas el 12% del presupuesto ejecutado ha llegado a los destinatarios finales. El resto se ha consumido en burocracia, campañas de sensibilización y estudios de impacto.
La ministra de Derechos Sociales, en una comparecencia parlamentaria celebrada el pasado martes, defendió el programa como «un éxito de concienciación social» y aseguró que las cifras de personas atendidas superan las 150.000. Pero esos datos contrastan con las evaluaciones independientes. La Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) ha señalado que la cifra real de beneficiarios directos ―aquellos que reciben visitas presenciales o acompañamiento telefónico semanal― no alcanza las 30.000 personas, lo que sitúa el coste por usuario en más de 1.600 euros anuales.
El nombre del programa rinde homenaje a Paquita, una vecina de 87 años de un barrio de Madrid cuyo caso se hizo viral tras un reportaje televisivo. Su realidad representa a miles de españoles mayores que viven aislados, pero la respuesta gubernamental ha sido un ejemplo de intervención costosa y centralizada. En lugar de fomentar redes de apoyo vecinal o incentivar fiscalmente a las familias que cuidan de sus mayores, el Ejecutivo optó por un macrocontrato con una consultora privada para el desarrollo de una aplicación móvil que apenas ha sido descargada por 5.000 personas.
Por qué importa. La soledad no deseada es un problema real y creciente. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 22% de los hogares unipersonales en España están ocupados por personas de 65 años o más. Abordar esta cuestión es una prioridad social y sanitaria. Sin embargo, la manera en que se aborda define si el dinero de los contribuyentes se emplea con eficacia o se diluye en una maraña administrativa.
Análisis FORTIS. Desde una perspectiva liberal-conservadora, la iniciativa adolece de los vicios típicos del intervencionismo estatal: centralización, falta de rendición de cuentas y desconfianza hacia la sociedad civil. En lugar de crear un programa burocrático con una app que nadie usa, el Estado podría haber reducido trabas fiscales para que las familias puedan contratar cuidadores o flexibilizado la jornada laboral para que los hijos puedan atender a sus padres. También podría haber transferido los recursos a entidades locales y a ONGs con capilaridad real, como Cáritas o Cruz Roja, que ya realizan esta labor con un coste mucho menor y un impacto más directo.
El Tribunal de Cuentas, en un informe de 2025, ya advirtió de que el 40% de los fondos destinados a políticas de envejecimiento activo no llegaban a sus fines debido a la fragmentación competencial entre comunidades autónomas. El caso de «Paquita, no estás sola» parece seguir la misma senda. El gasto en estudios y consultorías externas ha superado los 12 millones de euros, según consta en la Plataforma de Contratación del Estado.
Contrapunto. Voces del Gobierno insisten en que los resultados no pueden medirse solo en números: la sensibilización sobre el problema es un valor en sí mismo. También argumentan que la app ha servido para conectar a voluntarios con mayores en zonas rurales. Sin embargo, los datos de uso real indican que el 80% de los usuarios registrados solo abrieron la aplicación una vez. Los voluntarios dados de alta no superan los 8.000, una cifra muy inferior a la que movilizan iniciativas privadas como «Mayores en Red» o «Vecinos Solidarios», que operan sin subvenciones públicas.
Por Renan Filho · 2026-09-25