La ONU ha encendido todas las alarmas. Un informe interno filtrado a la prensa internacional documenta un aumento alarmante de violaciones y matrimonios forzados de niñas en Gaza, una realidad que llevaba meses siendo señalada por organizaciones de derechos humanos pero que ahora recibe el respaldo de los datos oficiales del organismo multilateral.
Según el documento, elaborado por la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, se han registrado al menos 120 casos verificados de matrimonios forzados de menores en los últimos seis meses, aunque la cifra real podría ser muy superior. El informe también cita testimonios de mujeres y niñas que denuncian haber sido víctimas de violencia sexual en refugios y en zonas controladas por grupos armados.
Estos datos, sin embargo, no han merecido la misma cobertura mediática que otras crisis humanitarias. Mientras que las imágenes de bombardeos recorren el mundo con inmediatez, los informes sobre violencia sexual contra menores permanecen en los sótanos de las redacciones. La razón no es la falta de evidencia, sino la incomodidad política que genera señalar a los actores que ejercen el poder de facto en Gaza.
El contexto es fundamental. Gaza vive bajo el control de Hamás desde 2007, una organización que impone una interpretación rigorista de la ley islámica que discrimina sistemáticamente a la mujer. En ese marco, el matrimonio forzado no es una desviación del sistema, sino una consecuencia directa de una estructura legal y social que trata a las menores como propiedad de sus familias.
Para Forcis News, el liberalismo conservador tiene una premisa innegociable: la dignidad de la persona es anterior al Estado, y cualquier poder que la viole debe ser denunciado sin matices. No hay geopolítica que justifique el sufrimiento de una niña. Tampoco hay narrativa de resistencia que convierta en aceptable la violación de una menor.
Por qué importa: porque la comunidad internacional, tan rápida para sancionar a países por presuntas violaciones de derechos humanos, mantiene una doble vara de medir cuando se trata de Hamás y sus aliados. Mientras la ONU gasta millones en comisiones de investigación sobre supuestos excesos de Israel, los informes sobre violencia sexual contra niñas palestinas duermen en cajones durante meses.
La hipocresía tiene un precio. Si la ONU denuncia hoy con contundencia estos crímenes, debería haberlo hecho antes y con la misma energía que emplea en otros conflictos. La credibilidad del sistema multilateral depende de su capacidad para aplicar los mismos estándares a todos los actores, sin excepción.
El informe también revela que muchas de estas violaciones ocurren en lugares que deberían ser santuarios: los refugios gestionados por la propia agencia de la ONU para los refugiados palestinos. Hay testimonios de madres que denuncian que sus hijas fueron agredidas dentro de instalaciones que ondean la bandera azul de Naciones Unidas. La burocracia internacional, centrada en proteger su mandato, ha preferido silenciar estos casos para no comprometer su relación con las autoridades locales.
Análisis Forcis: el problema de fondo es la ausencia de instituciones libres y de un Estado de derecho que proteja a los más vulnerables. Gaza es el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando el poder se concentra en manos de una élite armada y teocrática: la libertad individual es aplastada y las mujeres se convierten en las primeras víctimas. No hay guerra que explique la barbarie. No hay ocupación que justifique el secuestro de la dignidad de una niña.
Contrapunto: algunos sectores sostienen que el matrimonio forzado en Gaza es una práctica cultural preexistente y que la crisis humanitaria la ha agravado. Es cierto que la pobreza extrema y el colapso de los servicios básicos empujan a las familias a tomar decisiones desesperadas. Pero presentarlo como una simple consecuencia de la guerra es una forma de exculpar a los responsables. La cultura no es estática, y las normas que perpetúan la violencia contra las mujeres solo se mantienen porque hay un poder político que las sostiene.
La ONU tiene ahora la oportunidad de demostrar que su denuncia no es un gesto vacío. Debe publicar el informe completo, identificar a los perpetradores y presionar para que sean juzgados. Si no lo hace, habrá confirmado que su interés no es la defensa de los derechos humanos, sino la preservación de sus alianzas geopolíticas.
La sociedad europea, y especialmente la española, debe prestar atención. Los mismos principios de dignidad humana que se defienden en otras latitudes deben aplicarse aquí sin ambigüedades. No hay causa palestina que justifique el silencio ante una niña violada. No hay enemigo de Israel que convierta en aceptable el comercio de cuerpos de menores.
En Forcis News no nos sumamos a la corrección política que incomoda a la izquierda y a la derecha por igual. Los hechos están por encima de los intereses. Y el hecho es que la ONU ha documentado un horror que debería avergonzar a toda la humanidad.
Por Renan Filho · 2026-09-25