La selección española femenina sub-20 ha dado una lección de fútbol en las semifinales del Mundial de la categoría, disputado en Colombia. Con un contundente 3-0 sobre Italia, el equipo dirigido por Pedro López no solo aseguró su pase a la final, sino que dejó claro que esta generación de jugadoras está llamada a marcar una época. España busca ahora su segunda estrella, tras el título conseguido en 2022 en Costa Rica.
El partido, jugado en el estadio Pascual Guerrero de Cali, fue un monólogo español desde el primer minuto. La selección italiana, que había llegado a semifinales con cierta solvencia, no pudo hacer frente a la presión alta, la movilidad en ataque y la solidez defensiva de las españolas. Los goles de Jone Amezaga, Carla Camacho y Lucía Corrales reflejaron la superioridad de un equipo que ha ganado todos sus partidos en el torneo.
Más allá del resultado, lo que realmente importa es lo que este equipo representa para el fútbol español. Mientras en la categoría absoluta femenina el ruido mediático y las disputas políticas —como el caso Rubiales, las presiones del Consejo Superior de Deportes y las constantes intervenciones del Gobierno— han empañado los logros deportivos, la sub-20 demuestra que el talento y el trabajo de cantera siguen siendo el verdadero motor del éxito. No hay subvención estatal que sustituya una buena formación deportiva.
Esta generación de jugadoras es fruto de un sistema de clubes que invierte en formación, compite en ligas profesionales y exporta talento a las mejores ligas del mundo. El Barcelona, el Real Madrid, el Atlético de Madrid y otros clubes han desarrollado estructuras de fútbol femenino que compiten al más alto nivel. Y lo han hecho sin esperar grandes ayudas públicas, sino apostando por el talento y la gestión privada. La selección sub-20 es la prueba viviente de que el modelo de libre mercado en el deporte funciona.
Italia, por su parte, es un espejo de lo que ocurre cuando el Estado interfiere en el deporte. El fútbol femenino italiano ha recibido importantes inyecciones de dinero público en los últimos años, pero los resultados en categorías inferiores no acompañan. El Gobierno italiano, a través de su Ministerio de Deportes, ha destinado millones de euros a programas de igualdad y promoción del fútbol femenino, pero la realidad es que la selección sub-20 no ha pasado de ser una comparsa en este Mundial. El dinero público, mal gestionado y sin objetivos claros, no genera campeones. Solo genera dependencia.
El contraste con España es evidente. Aquí, a pesar de las trabas burocráticas y la presión fiscal que soportan los clubes, el talento emerge. Las jugadoras españolas se forman en academias privadas, compiten en ligas que generan ingresos y, cuando llegan a la selección, demuestran que el trabajo de base es lo que realmente importa. El Estado español, que tanto presume de sus políticas de igualdad, debería tomar nota: el éxito deportivo no se decreta, se construye.
La final del Mundial sub-20 femenino se disputará el próximo domingo en el estadio El Campín de Bogotá. El rival de España saldrá de la otra semifinal, que enfrenta a Estados Unidos y Alemania. Cualquiera de los dos será un hueso duro de roer. Pero esta España tiene argumentos para soñar con la segunda estrella. El equipo ha demostrado carácter, talento y una capacidad de adaptación táctica que lo convierte en favorito.
Más allá del resultado, lo que esta selección ha conseguido ya es histórico. Ha demostrado que el fútbol femenino español no necesita de discursos políticos ni de subvenciones millonarias para brillar. Necesita inversión privada, formación de calidad y libertad para competir. El resto es ruido.
Por qué importa
El éxito de la selección española sub-20 femenina no es solo una noticia deportiva. Es un caso de estudio sobre cómo el talento, la inversión privada y la competencia generan resultados superiores a cualquier política pública intervencionista. Mientras los Gobiernos de España e Italia gastan millones en subvenciones y programas de igualdad que rara vez se traducen en resultados deportivos, los clubes privados siguen siendo los verdaderos motores del desarrollo del fútbol femenino.
Análisis FORTIS
La narrativa oficial, tanto en España como en Italia, insiste en que el fútbol femenino necesita más inversión pública para crecer. Pero los datos dicen lo contrario. España, con un modelo de clubes privados y una liga profesional que genera ingresos propios, ha producido una generación de jugadoras que domina el mundo. Italia, que ha recibido más dinero público per cápita para el fútbol femenino en los últimos cinco años, ni siquiera ha llegado a la final de un Mundial sub-20. La evidencia es clara: el mercado funciona mejor que el Estado.
Contrapunto
Algunos sectores defienden que sin inversión pública el fútbol femenino no habría despegado. Señalan que en países como Estados Unidos, donde el fútbol femenino es un negocio rentable, también ha habido apoyo estatal a través de leyes como el Título IX. Sin embargo, el caso italiano demuestra que el dinero público no es suficiente si no va acompañado de una estructura deportiva sólida y de inversión privada. La clave no es la cantidad de dinero, sino cómo se gestiona.
**¿Cuándo y dónde se juega la final del Mundial sub-20 femenino?** La final se disputará el próximo domingo en el estadio El Campín de Bogotá, Colombia. El horario aún está por confirmar, pero se espera que sea en horario de máxima audiencia para el público colombiano.
**¿Qué rivales puede tener España en la final?** España espera al ganador de la otra semifinal, que enfrenta a Estados Unidos y Alemania. Ambos son rivales de gran nivel histórico, pero esta España sub-20 ya ha demostrado que puede competir contra cualquiera.
Por Renan Filho · 2026-09-23