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Cultura

María Pagés: el arte de bailar la vida entre libros y mantones

Renan Filho Por Renan Filho · 2026-09-25

La coreógrafa sevillana fusiona literatura y flamenco en una serie de ensayos que ya son un fenómeno cultural. Una defensa de la tradición y la libertad creativa sin depender del erario público.

En un estudio del barrio de Lavapiés, entre estanterías abarrotadas de poesía y mantones de Manila colgados como banderas, María Pagés ensaya. No es un simple montaje coreográfico: es la intersección de dos mundos que la bailaora y coreógrafa sevillana lleva décadas conciliando. El libro y el mantón, la palabra y el movimiento, la tradición y la vanguardia. Sus nuevos ensayos, abiertos al público en pequeñas sesiones de aforo limitado, han atraído a críticos, académicos y aficionados que ven en ellos un ejemplo de cómo la cultura puede florecer sin necesidad de subvenciones millonarias.

Pagés, Premio Princesa de Asturias de las Artes en 2022, ha construido su carrera sobre la base del esfuerzo individual y el mecenazgo privado. En un país donde el flamenco suele ser financiado con fondos públicos, ella ha demostrado que es posible mantener la excelencia artística sin depender del Estado. Sus ensayos no son un mero trámite previo al estreno; son una obra en sí mismos, una conversación entre la bailaora y los textos de autores como Gabriela Mistral, Federico García Lorca o la poeta siria Maram al-Masri.

La decisión de abrir los ensayos al público responde a una lógica de mercado bien entendida: la demanda existe, y la oferta se adapta. Cada sesión cuesta 25 euros, un precio que cubre los costes y deja un pequeño margen. "No queremos que el arte dependa de una subvención que mañana puede desaparecer por un cambio político", declaró Pagés a la prensa durante una pausa del ensayo. "El público valora lo que paga, y eso nos obliga a ser mejores".

Esta postura choca con la narrativa dominante en la izquierda cultural española, que insiste en que sin dinero del Estado el arte perecería. Los datos de la Fundación SGAE muestran que, en 2025, el 43% del presupuesto de las compañías de danza en España provino de subvenciones públicas. Sin embargo, la rentabilidad media de esos espectáculos fue del 0,7%. Pagés, en cambio, ha logrado un retorno del 12% sobre su inversión en los últimos tres años, según datos de su propia productora. ¿Dónde está la eficiencia? No en el Estado, desde luego.

El modelo de Pagés no es una excepción. Otras compañías como el Ballet Nacional de España siguen lastradas por una burocracia que consume hasta un 30% del presupuesto en gastos de gestión. Mientras tanto, la iniciativa privada, como la sala La Tata en Madrid o el festival Suma Flamenca, demuestran que el flamenco puede ser un negocio sostenible y, a la vez, una herramienta de proyección internacional. La soberanía cultural no se defiende con cheques en blanco, sino con talento y capacidad de competir en el mercado global.

Por supuesto, no faltan voces críticas. El sindicato de artistas CCOO ha denunciado que el modelo de Pagés "privatiza la cultura" y "excluye a quienes no pueden pagar". Pero la realidad es que sus ensayos tienen lista de espera de hasta dos meses. La demanda es alta, y los precios, asequibles. Además, Pagés ofrece una sesión gratuita mensual para personas en situación de vulnerabilidad, financiada con parte de los beneficios. No es caridad; es responsabilidad social voluntaria, no impuesta por decreto.

En los ensayos, los asistentes pueden ver a Pagés corregir un gesto, repetir una secuencia una y otra vez, consultar un libro, ajustar el vuelo de un mantón. No hay artificio. Es la artesanía del bailaor, que durante siglos se transmitió de maestro a alumno sin más ayuda que la pasión. Hoy, gracias a la libertad de emprender, esa tradición sigue viva.

¿Por qué importa esto? Porque demuestra que la cultura no necesita ser subsidiada para ser excelente. Porque un país que respeta la propiedad intelectual y fomenta el mecenazgo privado puede generar artistas que compitan con los mejores del mundo sin pedir limosna al contribuyente. España gasta miles de millones en subvenciones culturales con resultados mediocres; Pagés gasta poco y obtiene reconocimiento internacional.

La lección es clara: menos Estado, más libertad. Menos burocracia, más iniciativa. Y sí, mantones y libros también pueden ser un negocio rentable, siempre que el talento y el trabajo duro encuentren un mercado dispuesto a pagar por ellos.

Renan Filho
Sobre o autor
Renan Filho
Editor-Chefe do FORTIS News

Editor-chefe do FORTIS News. Especialista em tecnologia, inteligencia artificial e mercados financeiros. Criador de fintechs e plataformas digitais que combinam tecnologia, dados e inteligencia artificial para entregar valor real.