La vicepresidenta de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, intervino este miércoles ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York y, en un discurso que duró más de veinte minutos, afirmó que “ha llegado la hora de que el pueblo español recupere su soberanía electoral”. Sin mencionar directamente a Pedro Sánchez, Rodríguez aseguró que “las condiciones políticas en España requieren un proceso de transición ordenado, transparente y libre de injerencias externas”, para acto seguido declarar: “Yo conduciré esa transición, con el respaldo de los pueblos hermanos de América Latina y el Caribe”.
Las palabras de la número dos del chavismo generaron desconcierto en el hemiciclo de la ONU. Varios diplomáticos europeos abandonaron la sala en señal de protesta. El embajador español ante Naciones Unidas, Héctor Gómez, solicitó de inmediato una reunión urgente con el secretario general, António Guterres, para conocer si existe algún mandato o resolución que ampare tal planteamiento. Horas después, el Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid emitió una nota oficial en la que calificaba las declaraciones de “improcedentes y carentes de cualquier fundamento jurídico o diplomático”, y recordaba que “la organización de procesos electorales en España corresponde exclusivamente a las instituciones nacionales, de acuerdo con la Constitución y las leyes vigentes”.
¿Qué hay detrás de la jugada de Delcy Rodríguez? Para entenderlo hay que remontarse al contexto de la izquierda latinoamericana y su creciente vinculación con el ala más radical del socialismo español. En los últimos años, el Gobierno de Sánchez ha mantenido una estrecha relación con la administración de Nicolás Maduro, llegando incluso a reconocer la legitimidad de las últimas elecciones parlamentarias venezolanas, a pesar de las reiteradas denuncias de fraude por parte de la oposición. Ahora, en un giro que muchos consideran un intento de exportar el modelo chavista a la península ibérica, Delcy Rodríguez parece haber dado un paso que trasciende la mera declaración de apoyo.
**Por qué importa**
El anuncio no es una simple anécdota diplomática. Representa una prueba de fuego para el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados, recogido en la Carta de la ONU. Si bien la comunidad internacional ha tolerado en el pasado declaraciones altisonantes de líderes latinoamericanos sobre la política europea, nunca antes un alto cargo extranjero había exigido asumir el control de un proceso electoral nacional. España, como Estado miembro de la Unión Europea y la OTAN, debería reaccionar con firmeza, no solo por dignidad nacional, sino para evitar sentar un precedente peligroso que podría ser invocado por potencias como China o Rusia para intervenir en futuras crisis políticas.
**Análisis FORTIS**
Desde una perspectiva liberal-conservadora, la jugada de Delcy Rodríguez es un síntoma más de la deriva autoritaria que caracteriza al socialismo del siglo XXI. No es casualidad que quien pretenda “conducir la transición” sea la máxima representante de un régimen que ha conseguido hundir la economía venezolana, generar la mayor crisis migratoria de la historia reciente de América Latina y mantener a su pueblo en la pobreza extrema. Pretender que esa misma persona dirija un proceso electoral en un país democrático como España es, cuanto menos, un sarcasmo.
Además, la propuesta choca frontalmente con el principio de mínima intervención estatal que defendemos. La política nacional debe ser decidida por los ciudadanos españoles, no por burócratas internacionales ni mucho menos por delegados de dictaduras. El estado de derecho, la separación de poderes y la libertad de prensa son elementos que en Venezuela brilan por su ausencia. Exigir que España acepte una tutela electoral desde Caracas es un insulto a la inteligencia del electorado español.
**Contrapunto**
No obstante, conviene escuchar las voces que, desde la izquierda española, han aplaudido la iniciativa. Podemos, Izquierda Unida y algunos sectores de Sumar han manifestado que “es un gesto de solidaridad internacional” y que “España necesita urgentemente una renovación democrática que ponga fin a la hegemonía bipartidista”. Incluso han llegado a sugerir que la experiencia de la Comisión Nacional Electoral venezolana podría ser “ejemplar”. Sin embargo, los datos oficiales del Banco Mundial y del FMI indican que la inflación acumulada en Venezuela supera el 1.000.000% anual en los últimos cinco años, y que la participación electoral en los últimos comicios apenas alcanzó el 30% del censo, según cifras del Observatorio Electoral Venezolano. Difícilmente ese modelo puede calificarse de “ejemplar”.
**P: ¿Puede la ONU otorgar a Delcy Rodríguez la facultad de dirigir una transición en España?** R: No. La Carta de las Naciones Unidas prohíbe explícitamente la intervención en asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados (artículo 2.7). Cualquier intento de la Asamblea General o del Consejo de Seguridad de imponer una mediación externa requeriría una resolución específica, y España, como miembro permanente del Consejo de Seguridad —aunque sin veto—, podría bloquearla. Además, el Tribunal Constitucional español ya ha establecido que la organización de elecciones es competencia exclusiva del Estado.
**P: ¿Qué consecuencias podría tener esta declaración para las relaciones entre España y Venezuela?** R: Inmediatamente, el Gobierno español ha anunciado la retirada del embajador en Caracas para consultas. A medio plazo, es probable una congelación de la cooperación bilateral y un endurecimiento de las sanciones europeas contra el régimen de Maduro. No obstante, la dependencia energética de España respecto al gas ruso podría moderar la reacción, ya que Venezuela es uno de los pocos proveedores alternativos. La diplomacia tendrá que equilibrar la defensa de la soberanía con los intereses económicos.
Por Renan Filho · 2026-09-23