La imagen circuló a la velocidad del rayo en las redes sociales: Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela, estrechando la mano de Donald Trump en el Foro Económico Mundial de Davos. La instantánea, publicada en la cuenta oficial de la Casa Blanca, no fue un gesto protocolario más. Horas después, la propia Rodríguez publicó un mensaje en su perfil de X en el que afirmaba que «el mundo ha cambiado» y que «Venezuela está lista para dialogar con todos los actores internacionales, sin condiciones impuestas». Aunque no mencionó directamente a España, el destinatario era obvio: el Gobierno de Pedro Sánchez, que ha mantenido una línea de confrontación con Caracas desde la reelección de Nicolás Maduro en 2024, reconocida por el oficialismo como un triunfo legítimo y por la oposición como un fraude.
El mensaje de Rodríguez se produce en un momento de máxima tensión diplomática entre Venezuela y España. En las últimas semanas, el Ministerio de Exteriores español ha vuelto a exigir la liberación de los presos políticos venezolanos y ha respaldado las sanciones de la Unión Europea contra altos cargos del chavismo. Sin embargo, la foto con Trump —el mismo que en 2019 reconoció a Juan Guaidó como presidente encargado— ha sido interpretada por analistas como un intento de Caracas de abrir una vía de entendimiento con Washington, aprovechando el giro pragmático del nuevo mandato estadounidense, centrado en la seguridad energética y en frenar la migración masiva.
Por qué importa: la jugada de Delcy Rodríguez no es un simple gesto diplomático. Para el chavismo, la relación con Estados Unidos es una cuestión de supervivencia económica: las sanciones del Tesoro norteamericano han asfixiado a PDVSA y han reducido la producción de petróleo a menos de un millón de barriles diarios, frente a los 3,2 millones de 2013. Si Trump accede a un alivio de las sanciones a cambio de garantías de estabilidad y de control migratorio, Caracas podría respirar. Pero el mensaje a España es igual de relevante: el chavismo sabe que Europa, y en particular Madrid, ha sido el principal valedor de la oposición venezolana en el plano diplomático. Al mostrarse receptiva con Washington, Rodríguez busca aislar a España y demostrar que el eje Caracas-Madrid ya no es el único canal de interlocución internacional.
Análisis FORTIS: la foto de Davos es una lección de realismo político que muchos en la izquierda europea se niegan a ver. El chavismo, que durante años se presentó como la vanguardia del antiimperialismo, ahora corteja al mismo «imperio» que demonizaba. Esto no es una contradicción: es la lógica del poder. Cuando las subvenciones del petróleo se agotan y la población huye por millones, el socialismo del siglo XXI descubre que el mercado y la diplomacia pragmática son mejores aliados que la retórica revolucionaria. Para España, la lección es doble. Primero, que su política exterior hacia Venezuela ha estado secuestrada por una narrativa ideológica que no ha logrado ningún resultado tangible: los presos siguen en las cárceles y la dictadura sigue en el poder. Segundo, que Washington, con Trump de vuelta, no va a hacer el trabajo sucio de Madrid: si hay un acuerdo con Caracas, será en términos de intereses estadounidenses, no de principios democráticos europeos.
Contrapunto: algunos analistas progresistas, como el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense, Ignacio Molina, sostienen que la foto de Rodríguez con Trump es un gesto vacío, sin consecuencias prácticas, porque el chavismo nunca cederá poder real y Trump solo busca un titular para su electorado. «No hay que confundir un apretón de manos con un cambio de régimen», declaró Molina a El País. La crítica es válida en parte: el chavismo ha sobrevivido a todas las presiones externas durante dos décadas, y la foto de Davos no implica que Maduro vaya a convocar elecciones libres. Pero subestimar la capacidad de Trump para negociar sin condiciones previas sería un error. Su administración ya ha insinuado, a través del enviado especial Richard Grenell, que está dispuesta a conversar con Caracas sobre energía y migración sin exigir cambios políticos internos. Si eso se confirma, el chavismo obtendría oxígeno financiero sin pagar un precio político, y España quedaría como un actor irrelevante en la crisis venezolana.
Por Renan Filho · 2026-09-23