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Cultura

Daniel Luque y la oreja que nadie intuía: la tauromaquia como bastión de la libertad y la tradición frente al asedio progresista

Renan Filho Por Renan Filho · 2026-09-23

El matador sevillano Daniel Luque cortó una oreja en la plaza de Las Ventas en una faena que sorprendió incluso a los más escépticos. Más allá del triunfo taurino, el episodio reabre el debate sobre la persecución institucional a la tauromaquia en España y su papel como símbolo de soberanía cultural y libre empresa.

El pasado domingo, en la plaza de toros de Las Ventas, el matador Daniel Luque logró cortar una oreja en una corrida que nadie daba por ganada. La faena, descrita por la prensa taurina como «intensa y valiente», fue premiada por el público con pañuelos blancos y finalmente por el presidente de la plaza con el trofeo. Lo llamativo no fue solo el mérito artístico, sino que Luque llegaba a la feria sin grandes expectativas mediáticas. «Ha sido una sorpresa para muchos, pero no para quienes conocemos su entrega», declaró a EFE un portavoz de la empresa organizadora.

El triunfo de Luque no es un simple hecho deportivo. Ocurre en un contexto donde la tauromaquia enfrenta una ofensiva política y judicial sin precedentes en España. El Gobierno de coalición, con el apoyo de Podemos y ERC, ha impulsado recortes de subvenciones, dificultades administrativas para las plazas y una narrativa que presenta los toros como «maltrato animal» incompatible con una sociedad moderna. Sin embargo, los datos oficiales del Ministerio de Cultura contradicen esa visión. En 2025, más de 7 millones de espectadores asistieron a corridas de toros en España, generando un impacto económico estimado en 1.800 millones de euros y sosteniendo más de 60.000 empleos directos e indirectos, según el informe anual de la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET).

Por qué importa esta oreja. Porque representa la resistencia de una tradición que no solo es patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, sino que también encarna principios liberales fundamentales: la libertad de empresa, la propiedad privada de las ganaderías bravas y la capacidad de los ciudadanos de elegir libremente su entretenimiento sin interferencia del Estado. La tauromaquia funciona como un ecosistema de libre mercado: criadores, apoderados, toreros, plazas, empresarios y aficionados. No depende de subvenciones masivas (de hecho, el sector aporta más en IVA y cotizaciones de lo que recibe), y su supervivencia está ligada a la demanda voluntaria.

Análisis FORTIS: el doble rasero de la izquierda. Mientras se persigue la tauromaquia con normativas autonómicas —Cataluña la prohibió, Baleares la limitó—, se subvencionan con millones de euros espectáculos como corridas de toros en Francia o Portugal, donde la tradición se mantiene sin complejos. La izquierda española, que clama por la «diversidad cultural», no duda en aplastar la expresión cultural más genuinamente española bajo la excusa del animalismo. Pero la incoherencia es mayor: el mismo Gobierno que recorta fondos a las escuelas taurinas mantiene ayudas millonarias a industrias cárnicas intensivas que generan un sufrimiento animal masivo y no regulado. ¿Dónde está la coherencia ética? No la hay: es puro cálculo electoral para contentar a una minoría ruidosa que no representa a la mayoría de españoles. Según el barómetro del CIS de enero de 2026, el 58% de los encuestados se declaró «indiferente o favorable» a los toros, frente a un 32% que se opone frontalmente.

Contrapunto necesario. Es cierto que la tauromaquia no es inmune a críticas legítimas. Algunas plazas han reducido su aforo por falta de renovación del público joven, y las figuras del toreo a veces priorizan el espectáculo sobre la integridad del animal. También hay casos de malas prácticas en ganaderías que merecen sanción. Pero estos problemas se corrigen con más libertad, no con prohibiciones. Un mercado regulado con transparencia, etiquetado de bienestar animal y competencia abierta entre plazas es más eficaz que la censura cultural impuesta por burócratas. El ejemplo de Francia, donde la tauromaquia está protegida por ley como patrimonio cultural y las corridas se celebran sin complejos, demuestra que la tradición y el respeto animal pueden convivir.

El triunfo de Daniel Luque en Las Ventas es una pequeña victoria para la libertad. Cada oreja cortada es un recordatorio de que la cultura no se decreta desde un ministerio. Se vive, se siente y se defiende en la plaza, frente al silencio cómplice de una clase política que prefiere sacrificar siglos de historia por un titular en un periódico progresista. Mientras haya un torero dispuesto a jugarse la vida, y un aficionado dispuesto a pagar por verlo, la tauromaquia sobrevivirá. Y el Estado, si realmente cree en la libertad, debería limitarse a garantizar la seguridad, no a decidir qué espectáculos merecen existir.

Renan Filho
Sobre o autor
Renan Filho
Editor-Chefe do FORTIS News

Editor-chefe do FORTIS News. Especialista em tecnologia, inteligencia artificial e mercados financeiros. Criador de fintechs e plataformas digitais que combinam tecnologia, dados e inteligencia artificial para entregar valor real.