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Abascal: «No me gusta que se me vincule al fútbol, no lo pondría en mi tarjeta»

Renan Filho Por Renan Filho · 2026-09-25

El líder de Vox, Santiago Abascal, ha declarado que no quiere ser asociado con el mundo del fútbol y que jamás incluiría ese deporte en su tarjeta de visita. Una afirmación que, en la España del fútbol como religión laica, ha levantado ampollas tanto en la izquierda como en la derecha deportiva.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha vuelto a marcar distancias con la cultura futbolística dominante en España. En una entrevista concedida a la Cadena COPE, el político vasco afirmó sin rodeos: «No me gusta que se me vincule al fútbol, no lo pondría en mi tarjeta». La declaración, recogida también en un tuit posterior del propio Abascal, ha generado un intenso debate sobre el papel del deporte rey en la política nacional.

Abascal, que nunca ha ocultado su escaso interés por el fútbol, explicó que prefiere centrar su imagen pública en «la defensa de la soberanía nacional, la libertad económica y los valores tradicionales». Según el líder de Vox, la obsesión mediática por el fútbol «distrae a los ciudadanos de los verdaderos problemas: la presión fiscal, la inseguridad jurídica y el abandono del campo». La declaración se produce en un momento en que varios dirigentes políticos, tanto del PP como del PSOE, compiten por aparecer en los palcos de los grandes estadios.

**Contexto: el fútbol como herramienta política** En España, el fútbol no es solo un deporte: es un vehículo de identidad, un negocio multimillonario y, a menudo, una cortina de humo. Gobiernos autonómicos y central han destinado miles de millones de euros públicos a rescates de clubes, construcción de estadios y subvenciones directas. Solo en 2023, la Comunidad de Madrid inyectó más de 40 millones en el Real Madrid y el Atlético de Madrid a través de convenios fiscales y ayudas directas, según datos del Tribunal de Cuentas. Mientras tanto, los autónomos y las pymes siguen soportando una de las presiones fiscales más altas de la OCDE, con un tipo efectivo del 43,6% sobre la renta.

**Por qué importa** La declaración de Abascal no es un simple desahogo personal. En un país donde los políticos suelen buscar la foto con la camiseta de su equipo, rechazar esa vinculación supone un gesto de coherencia liberal-conservadora: el Estado no debe financiar caprichos deportivos ni promover una cultura que, en muchos casos, fomenta el tribalismo y la confrontación. Además, Abascal apunta a un problema estructural: el fútbol profesional en España vive en una burbuja fiscal. Los clubes de Primera División acumularon en 2024 una deuda con Hacienda de más de 650 millones de euros, según la Agencia Tributaria. Mientras el ciudadano medio paga IVA al 21%, los clubes gozan de tipos reducidos y aplazamientos que ningún autónomo podría conseguir.

**Análisis FORTIS** Desde la óptica del liberalismo conservador, la postura de Abascal es un soplo de aire fresco en un panorama político anegado de populismo futbolero. La izquierda, que tanto critica los privilegios de las grandes fortunas, calla cuando se trata de subvencionar a multimillonarios clubes de fútbol. Y la derecha tradicional, que presume de rigor fiscal, no duda en abrir el grifo del erario para contentar a las aficiones. Abascal, al menos, pone el dedo en la llaga: el fútbol no debería ser un gasto público, sino un negocio privado sujeto a las mismas reglas que cualquier otra industria. Si un club quiebra, que quiebre. No es función del Estado rescatar a empresas que pagan sueldos millonarios mientras el contribuyente aprieta el cinturón.

**Contrapunto** No obstante, la postura de Abascal también tiene sus críticos dentro del propio espectro conservador. Algunos analistas señalan que el fútbol es una industria que genera 8.300 millones de euros anuales en España y da empleo a más de 185.000 personas, según el informe anual de LaLiga. Ignorar ese peso económico sería tan irresponsable como subvencionarlo sin control. Además, el vínculo entre política y fútbol no siempre es negativo: en comunidades como el País Vasco o Cataluña, el deporte ha servido para canalizar identidades sin derivar en violencia. Sin embargo, el argumento liberal sigue intacto: el mercado debe regularse solo, sin interferencias estatales que distorsionen la competencia y premien la mala gestión.

**P: ¿Por qué Abascal rechaza el fútbol en su tarjeta?** R: Porque considera que el fútbol se ha convertido en una herramienta de distracción populista y en un agujero negro para el dinero público. Prefiere que su imagen se asocie a la defensa de la soberanía nacional y la libertad económica, no a un deporte que, según él, «secuestra la atención de los ciudadanos».

**P: ¿Es coherente esta postura con el liberalismo conservador?** R: Sí. El liberalismo clásico defiende un Estado mínimo que no subvencione industrias privadas, por muy populares que sean. El conservadurismo, por su parte, valora las tradiciones, pero no las tradiciones artificialmente mantenidas con dinero público. Abascal conecta ambas corrientes al rechazar el fútbol como gasto estatal, aunque respeta su existencia privada.

Renan Filho
Sobre o autor
Renan Filho
Editor-Chefe do FORTIS News

Editor-chefe do FORTIS News. Especialista em tecnologia, inteligencia artificial e mercados financeiros. Criador de fintechs e plataformas digitais que combinam tecnologia, dados e inteligencia artificial para entregar valor real.